A DESHORAS POR VALENCIA
A
finales de Septiembre dejamos Torrevieja para ir a Valencia
enfilando la carretera y dejando atrás las Salinas.
Hay un buen trecho más de 150 kilómetros que separan estas dos ciudades, ahí es nada!!!.
El
coche lo estacionamos próximo a las Torres de Quart, y comenzamos la travesía,
pasando por una lonja que era el Mercado Central, una preciosidad.
Alcanzamos La plaza del
Ayuntamiento donde como turistas obligados a cumplir con los rigores impuestos
por tal condición, pasamos por la Oficina de Turismo para atiborrarnos de unos
cuantos papeles con monumentos, rutas, publicidades varias, no comentaban nada
estos panfletos de las horchaterias. Craso error, pues era lo que
mas nos apetecía con el calor que nos iba mancillando.
Tomamos
posiciones en una cafeteria próxima a un Corte Inglés, era el epicentro de la
urbe y riadas de personas brotaban en todas direcciones. Apabullados por la
inmensidad de mujeres de bandera ( no de japón precisamente) que salieron a
nuestro encuentro, o mejor decir a nuestro paso. Las veíamos venir e irse con
la misma intensidad.
Pudimos
saciarnos con una horchatita bastante aceptable y de paso mandar unas postales
a la peña que no pudo acompañarnos en nuestro viaje por tierras Valencianas.
Y
como los dictados del estómago son inapelables fuimos a saciar nuestros apétitos
gastronómicos por la zona del casco antiguo. Tras varios intentos fallidos,
finalmente en una callejuela que corta a la Calle Palau, nos instalaron en una
mesa fuera del restaurante que estaba lleno de gente.
No
todo iba a ser perfecto. No había paella porqué preparaban solo una, enorme,
todo hay que decirlo, y cuando llegamos ya se la habían ventilado los comensales
previos. Daba igual , no estábamos para lindeces, solo queríamos comer lo que
fuese.
Y
como los valencianos son unos cachondos y la camarera lo era pero no lo estaba.
Que yo de tiempos verbales me defiendo solo, nos amenizó la velada con sus idas
y venidas fuera-dentro del local. Tampoco había chuletitas de cordero , de esas
de palo, tan ricas.
Pedimos
un pescado y nos pusieron lo que les quedaba y la camarera nos hacía pasar unas
anchoas por bacalao. No tenemos mar pero sabemos de la espuma, lo dejamos correr
ya que la tía se enrolló bastante y nos abrió los ojos de ver, explicándonos
que había una torre que se llamaba el Miquelet y que con las fallas era la más
representativo de Valencia según ella.
Allá
nos encaminamos despues de comer y una vez visto el Miquelet
y cumpliendo la promesa hecha a la camerera, con la conciencia tranquila,
nos reunimos con una chica amiga de uno del grupo que habita en dicha ciudad.
Nos
dirigimos a la Ciudad de Las Ciencias,
obra del maestro Calatrava, con esa construcción que se asemeja a la forma de
una ballena y que al final tiene ese cine circular tridimensional con forma
de hemisferio y una especie de mejilloneras decoradas de lapiszulli de pequeñas
teselas azules en el frontal que da a la carretera. Y del arte a la natura.
Visitamos la playa de la Malvarosa ahora dedicada al pincheo en vena y demás
marginalidades sociales, según cuentan los de aquí. No vi el tranvía. Nos acercamos
y vimos algún bañista perforando el mar.
Antes
de que se hiciese de noche aprovechamos para ver la albufera que es como el
principio de un océano. Con el sol hundiéndose en la línea del horizonte abisal.
Y
como broche otra vez a llenar el buche. Rumbo a Alboraya.
En Alboraya se preparan las mejores horchatas del mundo, y lo dice uno que de horchatas entiende bastante poco, pero que sabe apreciar cuando algo está rico, y sobre todo si las comparamos con esas horchatas que venden embotelladas en los Hiper. El sitio se llamaba “ Daniel “ y era un negocio con solera forjado en varias generaciones horchateras. Había que tomarlas con unos bizcochos de nombre “fartons” que entraban solos y se deshacían prematuramente al más mínimo contacto con la horchata. Las horchatas las había muy liquidas, o con hielo, ambas estaban igual de buenas. El sitio estaba que no cabía una pajita. Hasta se vislumbraban autobuses del Inserso en ruta turística.
Lo
recomiendo encarecidamente a todo aquel que ande merodeando por la zona. Y si
vas tienes que volver, eso hicimos y como jupiter se había alineado con saturno
la conjunción cósmica estaba a buenas, y el Valencia, el equipo de futbol, le
endosó cuatro pepinos al Chominordin ruso.
© chufo 2002