ÚLTIMAS HORAS EN LAREDO

Al día siguiente no amanecimos a una hora muy tardía porque las tiendas tenían que estar recogidas antes de las 12 para no pagar un día más, así que recogimos todo, pero para aprovechar el día lo dejamos en las tiendas de un grupo de Logroño que conocíamos y nos lo guardaron hasta la tarde.

Lo que sí que hicimos fue pagar. Cuando, después de aguantar unos minutos en la cola llegamos hasta la caseta del dueño, este, aficionado a los westerns según parece, nos volvió a mirar de forma desafiante y con una sonrisa socarrona dibujada en su rostro exclamó con voz de Clint Eastwood:

- No os dije ayer que alguien iba a pagar el pato. A las cinco de la mañana tuve que echar a unos.

Lo cual nos dejó mucho más tranquilos, porque con el pato pagado uno se quita un peso de encima, pero me temo que aquel no era el nuestro, que quedó y aún queda impagado.

El resto no tuvo ya mucho más historia. Consumimos nuestras últimas horas en la playa, como siempre y después dejamos Laredo rumbo a Logroño habiendo aumentado:
a) el moreno en nuestra piel
b) la arena en nuestras mochilas
c) la experiencia en nuestra memoria

De la a) y de la b) ya no queda nada, pero la c) ha dado lugar a estas líneas.

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