DONDE POR FIN SE VAN A ENTERAR DE PORQUÉ EXISTE UNA WEB LLAMADA PAGAELPATO.COM

La última noche fue destroyer. La cosa empezó a calentarse ya en el camping, con la cena. Fue el único día que cenamos en el camping. Había llegado mucha gente y estaba repleto. Hicimos una cena ligera con cosas que habíamos comprado en el Dia%, regado todo ello con un buen Albini (sucedáneo del Martini o viceversa, pero con cualidades similares). Unos cantaban, otros oían música, algunos comían o bebían. Todos nos lo pasábamos bien y estábamos disfrutando. Nadie se metía con nadie.

Nosotros no llevábamos cassette así que no podíamos escuchar música. Lo único que nos quedaba era cantar nosotros y cuál era nuestra interpretación estrella: El Chibirichá. Nos pusimos manos a la obra y empezamos un chibirichá que hizo detenerse al camping entero. Todos se quedaron expectantes viéndonos, con ganas de unirse, cosa que algunos de ellos hicieron.

En estas llegó el Dios Trueno, osea, el dueño del camping, todo cabreado y diciendo a gritos que le estábamos alborotando el camping y que estábamos molestando a la gente. Nadie se había quejado, ni lo hizo luego pero según el apamplao éramos los culpables de los males del mundo. Los demás siguieron a lo suyo y nosotros, como estabamos a punto de irnos y el jefe era un tontolaba decidimos que nos íbamos también. ¿Todos? No. Allí estaba nuestro amigo Urko, el que hace surco, que se encaró con el jefe y le dijo que si el 80% del camping estaba contento no nos podía echar y que le iba a quemar el camping y no se cuantas cosas mas.

Nosotros acabamos por irnos y le dejamos allí. Cuando ya salíamos del camping el jefe nos miró, nosotros lo miramos y como en un duelo del oeste nos espetó a la cara: "Ya veréis como aquí alguien acaba pagando el pato".

Por aquel entonces aun no lo sabíamos, pero estas proféticas palabras engendrarían años después una página web: www.pagaelpato.com espero que aun hoy vigente y dando cobijo a estas líneas, pero no nos desviemos del tema.

Como decía, salimos del camping un tanto quemados, con proposiciones para quemar el camping y dispuestos a quemar la noche y ya de paso y con todo esto pues un poco calientes. Nos dedicamos a probar los productos típicos de la zona, como el pitilingorri, que me parece que era importado, hicimos unos cuantos chibirichás multitudinarios y nos bebimos unos cuantos pacharanes a veinte duros porque eran, según palabras textuales de la camarera "del Zoco ese raro".

Entre unos de los muchos grupillos que nos cruzamos de chicas, varios de ellos de Logroño, cabe destacar uno de ellos pues tenia varias componentes, pero había una, rubia, del mismo Laredo según nos dijo, que para que todo el mundo lo entienda y no andarme con remilgos ESTABA BUENÍSIMA. Tuvimos no se si la suerte, la desgracia o todo lo contrario, de que este grupillo nos pidiera que les echáramos una foto. La iba a hacer el personaje que se esconde bajo el seudónimo de Luismi, pero yo, no sin malicia le dije que nosotros nos preperábamos y que a última hora nos la hiciera a nosotros es vez de a ellas y así lo hizo él, cosa que cabreó de gran manera a las chiquillas ahogando cualquier posibilidad de contacto erótico entre ellas, de buen ver, y nosotros, de buena necesidad. De hecho, antes de lo de la foto las posibilidades se veían ya cercanas a ser nulas. La rubia, que para estar tan buena tenía muy mal perder, muy mala leche y muy poco sentido del humor, nos dijo que era del mismo Laredo así que si alguien la conoce o ella lee estas líneas, que tenga el detalle de enviarnos la foto, que para lo único que le servirá a ella será para cogerse cabreos cada vez que la vea. Y si sigue estando tan bien de todo puede venir a traerla en mano seguida del resto del cuerpo.

La noche prosiguió y cuando ya los bares cerraban y no quedaba nada abierto decidimos que era hora de volver porque todo el mundo parece que se iba ya. ¿Todos? No. Aquí fue cuando apareció en escena uno de los personajes más pintorescos de Laredo. Un hombre, con una trompa considerable al que preguntamos qué quedaba abierto:

- A Saint Trope, chavales, ahora hay que ir a Saint Trope.

Nos explicó que eso estaba en el Puntal, que a él le conocían todos allí, porque era nativo de Laredo y que vivía en un palacete . El tio se empeño en que cogiéramos el coche, pasáramos por el palacete, que estaba en el centro, para cambiarse y ponerse la camiseta de tirantes (la de discoteca) y luego le llevábamos a Saint Trope y que si íbamos con él ("nativo de Laredo, chavales") íbamos con el mejor. Cuando le dijimos que no teníamos coche, no nos fue difícil quitárnoslo de encima y se fue a buscar a algún pringadillo que llevarse al palacete.

Antes de irnos vimos un puesto de bocatas en donde un solo tío servía x bocadillos por minuto, o más, atendiendo la plancha, cortando el pan, haciendo los bocatas y cobrando, todo ello a velocidad supersónica. Parecía Súper Ratón.

La noche podría haber acabado ahí, pero aún quedaba la tediosa vuelta hasta el camping, que la pasamos haciendo el cabra un poco. Después al llegar, pelea con el de seguridad de nuevo, que si la gente quiere dormir, que si armáis mucho escándalo, que si la abuela fuma y el pato esta borracho...

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