WILBUR SE QUIERE SUICIDAR (WILBUR WANTS TO KILL HIMSELF)
  DIRECTOR: Lone Scherfig NACIONALIDAD: Dinamarca-Reino Unido-Suecia-Francia
 
INTÉRPRETES:
Jamie Sives (Wilbur),Adrian Rawlins (Harbour), Shirley Henderson (Alice), Lisa McKinlay (Mary), Mads Mikkelsen (Dr. Horst)
 
GÉNERO:
Comedia dramática
2002


PUNTUACIÓN:
8
   


Lone Scherfig es una directora danesa que saltó a la fama con su anterior trabajo, Italiano para principiantes, adscrito al movimiento Dogma de su paisano Lars Von Trier. Con aquella película además de darse a conocer en todo el mundo se llevó un buen puñado de premios. Con esta lleva el mismo camino.

Wilbur se quiere suicidar no se parece mucho a italiano para principiantes. No es una película Dogma, está grabada en 35 mm. (la otra era en formato digital) y los aspectos técnicos están bastante cuidados. Otra diferencia importante es que está rodada fuera de Dinamarca, concretamente en Glasgow, Escocia, en inglés y con actores británicos y desconocidos en su mayoría, aunque el resto del equipo sí que es danés.

De los actores la de más de actualidad puede ser Shirley Henderson, que ha hecho un papel fantasmal en la última de Harry Potter. También estrenó hace poco Intermission en la que hacía un estupendo papel de joven descuidada y bigotuda y justo antes el sorprendente semidocumental 24 hours party people. Adrian Rawlins es otro rostro conocido que ha hecho estupendas películas británicas como Rompiendo las olas. El protagonista es Jaime Sives, que hace una interpretación muy buena que le ha valido entre otros el premio al Mejor Actor en Valladolid. A alguno le sonará también el rostro de un secundario, Mads Mikkelsen, por verlo en Torremolinos 73. Aparte de todo esto no puedo evitar hacer un comentario sobre el parecido de los actores de esta peli con cantantes conocidos, a saber: Sting, Robbie Williams y Fredy Mercuri.

La historia empieza con Wilbur llegando a casa y según lo hace empieza a tragarse todas las pastillas que encuentra a su paso. Además abre el gas, por si acaso no llegara con lo otro. Pero su hermano de la guarda llega a tiempo, una vez más y Wilbur sobrevive a ese intento. A partir de ahí empezamos a ver la historia de estos dos hermanos en su devenir por un mundo que ambos ven con actitud diferente.

Uno de los mayores aciertos es ese antagonismo entre hermanos. Ninguno puede vivir sin el otro, pero mientras Wilbur tiene una visión negativa del mundo y el suicidio es su principal idea, su hermano Harbour es un tipo que ve la vida mejor de lo que en realidad es. Traslada su ilusión por todo y sus ganas de vivir a su hermano preocupándose por cuidar de él e intentar reformarlo. Según avanza la película vemos acentuadas estas emociones y mantengo la duda en cuanto al éxito o no en sus pretensiones. La paradoja final es muy buena.

El problema de Wilbur es que no sabe ser feliz. Tiene un magnetismo especial que atrae al resto, sobre todo a las mujeres y a los niños. Todos los niños de la guardería para la que trabaja lo adoran a pesar de tratarlos mal (verbalmente e ignorándolos, no hay maltrato). La enfermera que le trata y las trabajadoras del hospital también. Sólo los componentes de su grupo de suicidas del hospital lo rechazan y hacen fuerza entre todos para que lo expulsen. Lo que podría ser un bajón para él, no lo es, porque en ese momento empieza a cobrar importancia en su vida de Alice, la madre soltera que acaba de casarse con su hermano.

La sencillez con que se cuenta la historia y la fluidez de la narración fílmica consiguen que te metas en la historia y que te identifiques con los personajes hasta el punto de importante realmente lo que le ocurra a Wilbur. A pesar del truculento título y la aparentemente triste historia, el humor con que está contada, negro en muchas ocasiones, consiguen que una historia en la que la muerte está presente desde el principio hasta el final se pueda analizar como positiva. Hay más momentos para soltar la carcajada que para llorar y en cualquier momento da para pensar.

La ambientación es excelente. La vieja librería que los hermanos han heredado de su padre y que es el penoso sustento de la familia, el hospital por el que todos pasan y ese barrio de la ciudad (nórdica para nosotros, quizás no tanto para los daneses) de Glasgow que podría estar situado perfectamente en Copenhague sin que la historia variara mucho, son unos lugares con los que los personajes se mimetizan en una perfecta simbiosis que les permite seguir viviendo al mismo tiempo que les dan vida.

El buen guión ha sido escrito a cuatro manos entre la propia directora y el joven guionista danés Anders Thomas Jensen que también ha dirigido. Algunas de sus películas son Mifune y Te quiero para siempre. Ganó el Oscar en el 96 con el corto Election Night.

 

J.F.K.
 


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