La sentencia. “Ojo por ojo”, toma cuerpo en esta película
de Clint Eastwood.
Vemos como en las calles de un barrio tres niños juegan con sus palos
de hockey a la par que las pelotas se les van por las alcantarillas. Un día
uno de estos críos, sube a un coche de unos presuntos policías
que a la postre son unos pedófilos que abusan de él, hasta que
el niño logra huir. Luego la acción se sitúa en el presente.
Los tres, antaño niños ahora son adultos y padres de familia.
Jimmy (Sean Penn ) tiene tres vástagos. Dave ( Tim Robbins) tiene un
hijo, y Sean ( Kevin Bacon) una niña en camino. La existencia de estos
tres adultos vuelve a confluir de manera turbulenta cuando la hija de Jimmy
aparece asesinada violentamente, y Dave fue una de las últimas personas
que la vio con vida en un bar. Un perspicaz guión nos hace atar cabos
y pergeñar conjeturas y suposiciones que van haciendo que los personajes
cobren vida propia en nuestra imaginación, atribuyéndoles hechos
que el tiempo confirmará o desmentirá. Las interpretaciones de
ellos: Penn, Robbins, Bacon, así como las de sus respectivas mujeres
Marcia Gay Harden (Celeste Boyle), Laura Linney (Annabeth Markum), confirman
unos de los mejores trabajos actorales vistos desde hace muchísimo tiempo.
Más allá de ser una película con una vertiente policíaca,
en donde el padre de la victima, el presunto asesino y el policía que
lleva a cabo la investigación son ahora adultos que de niños jugaban
juntos en el barrio, nos sugiere que la vida es una lotería, y que el
destino de cualquiera de estos niños hubiese sido diferente de haber
sido ellos los que hubiesen subido al coche.
Contrasta la dicotomía entre la familia de Dave y la de Jimmy. Dave tuvo
que dejar atrás a ese niño que fue acosado. Tuvo que matarlo,
para él ya no existe, solo así logró salir adelante. Por
otro lado Jimmy, que de niño ya era movidito pasó por la cárcel,
se curtió, endureció su corazón y se mueve por unos valores
primitivos. La familia es lo primero, caiga quien caiga. Y su mujer lo arropa
y defienda a capa y espada en esta postura. Por contra Dave es un ser retraido
y extraño que infunde la duda razonable en su mujer, que duda de él.
La fé en Cristo ( escena de la comunión), la duda, la justicia,
la venganza, la ira, son todo estos conceptos los que maneja con mano firme
Clint a lo largo de las dos horas que dura la cinta. La dureza no está
reñida con esos momentos de flaqueza, llorar como expiación del
dolor, en los que vemos a un Penn compungido, asimilando a su manera la violenta
muerte de su hija.