LAS TORTUGAS TAMBIÉN VUELAN (LAKPOSHTHA HAM PARVAZ MIKONAND)
  DIRECCIÓN Y GUIÓN: Bahman Ghobadi NACIONALIDAD: Irán - Irak
 
INTÉRPRETES
:
Avaz Latif, Soran Ebrahim, Hirsh Feyssal, Saddam Hossein Feysal, Abdol Rahman Karim
 
GÉNERO:
Drama
2004


PUNTUACIÓN:
9
   


Hay muchas maneras de catalogar las películas. Normalmente suele haber géneros típicos que se convierten en cajón de sastre donde se meten películas calificadas, por ejemplo, como bélicas y que engloban una amalgama de títulos que bien pueden hablar de armamento, de sentimientos, hacerlo en clave de humor o documental. Pero de alguna manera hay que clasificar las cosas en este mundo tan caótico y de eso no se salva ni el cine.

Por eso meter esta película en el género dramático es quedarse muy corto. Sí, lo que se cuenta es un drama, pero va más allá. Sería más acertado darle el calificativo de película “de esas que hacen removerse algo en tu interior”. Encasilla mucho menos y aunque parezca lo contrario es mucho más clarificador.

Es imposible salir de la oscuridad de un cine tras ver Las tortugas también vuelan y no estremecerse ante lo que acabamos de ver. Al salir por la puerta da la impresión de volver al mundo real después de haber estado en un infierno muy particular, incluso cabe esperarse ver las calles embarradas, en lugar del pesado asfalto y tiendas de campaña y viejos vehículos blindados reconvertidos en hogares en lugar de las moles de pisos que nos rodean. Pero, obviamente, sabemos que esto no va a suceder y a pesar de lo que hemos estado viendo sabemos que no nos espera ninguna mina camino a nuestras casas.

Esta es una producción entre Irán e Irak, quien lo diría hace tan solo unos años, que nos cuenta ni más ni menos que lo que sucede en estos países, en los campos de refugiados y los pueblos de esta zona del mundo envuelta en la miseria y la sinrazón que provocan años y años continuados de conflictos armados, fraticidas unos, provocados por invasores otros, pero que siempre dejan su poso de hiel.

En esta ocasión la cámara se fija en los niños e incluso se recrea en mostrarnos como son sus vidas, mucho más complicadas que las los de los adultos de cualquier país donde alguien tenga la suficiente calidad de vida para poder estar leyendo estas líneas en estos momentos.

El protagonista es un joven al que todos conocen como Satélite que a pesar de su corta edad es el alma del poblado. Monta antenas parabólicas, habla inglés y organiza a todos los niños para ir a recoger minas, comprar armas, ir al colegio o cualquier cosa necesaria. Todo el mundo le conoce, le pide consejo y no pasa un minuto al día sin tener algo de lo que ocuparse. La información es valiosa en esa parte del mundo donde lo material no es perdurable, por eso las antenas que monta Satélite (o Señor Satélite como le llaman mucho) y la información que consigue le da un aura de poder que todos los niños admiran.

Con su pequeño ejército que dirige y organiza el poblado vive su día a día, pero otro joven sin brazos que llega acompañado de otra chica y un niño pequeño y que tiene extraños presentimientos cambiará el quehacer diario de Satélite.

Es a través de estos personajes, con una fina ironía y fuertes dosis de realismo trágico como nos enfrentaremos al conflicto iraquí. Los jóvenes intérpretes, lisiados muchos de ellos, hacen unas interpretaciones que me río yo del Actor’s Studio. Sobre todo destaca el metomentodo Satélite con su ajetreada vida, que es el protagonista de casi cada secuencia de la película. También es impresionante la mirada de la niña que llega al poblado con su pequeño acompañante a cuestas. Con muy pocas palabras consigue expresar todo el temor e incomprensión que encierra en su interior. Un pasado trágico que se traduce en un presente confuso y evoca un futuro incierto.

Demuestra que con medios muy limitados también se pueden contar algunas de las mayores historias del mundo.

 

J.F.K.
 


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