Dos cosas llaman la atención al ver Habana
Blues, porque están siempre presentes, incluso
en el título y son La Habana y la música. Toda la
acción se desarrolla en esta magnífica ciudad y
la música no compone únicamente la banda sonora,
sino que se convierte en el leitmotiv de la historia.
Ambas cosas son las que condicionan a los personajes, para bien
o para mal, viéndose obligados a prescindir dolosamente
de ellos o luchar con todo para conservarlos.
Los protagonistas son dos amigos que tiene un grupo musical.
Componen canciones y sueñan con llegar a vivir de la música,
convertirse en artistas y salir de la miseria en la que se ven
sumidas sus vidas. Uno de ellos, Ruy, es un hombre
casado y con dos niños. Aunque los quiere mucho las cosas
con su mujer no marchan bien ya que a él le pierden las
mujeres y es infiel por naturaleza. El otro, Tito,
está como loco por salir de Cuba y buscarse en España
la vida como sea. Los intereses, el amor por su patria y por la
música y su amistad se verán de pronto confrontados
cuando un grupo de productores musicales llega a su ciudad para
ofrecerles un contrato con su compañía.
La mayor parte del reparto son actores cubanos desconocidos,
pero todos ellos tienen una naturalidad y un descaro a la hora
de actuar que hacen que la película tenga un aire semidocumental
de libertad estupendo. Además el hecho de que la música
esté siempre presente en los personajes hace que se lleven
mejor las casi dos horas de duración.
Pero no todo son fiestas y conciertos, que los hay, también
se nos muestra la realidad social de un pueblo que ha sufrido
embargos y que no olvidemos vive bajo una dictadura. La vida en
Cuba es difícil y se nos muestra en toda su magnitud, desde
lo que se ven obligados a hacer algunos para salir de la isla
al día a día para poder comer, los familiares en
el extranjero que les mandan dinero o como hay quienes se aprovechan
de la situación.
Aunque sobre toda la temática la que más destaca
es la de la amistad entre los dos protagonistas, que a pesar todo
se mantiene pase lo que pase, aunque tenga que remontar los baches
provocados por la necesidad, que lo sobrevuela todo.
También se habla del dicho anglosajón, business
is business, que en lo referente a la música parece ser
la tendencia más clara hoy en día. ¿Y dónde
queda entonces el artista? La gente se vende al capitalismo, buscan
la fama fácil y aquello de que la fama cuesta parece haberse
quedado en aquella serie de los años 80. Hoy cualquier
mindundi logra la fama sin mucho esfuerzo si da lo que se puede
vender y carece de escrúpulos. Pero esa es otra historia.
Imprescindible para los melómanos, los amantes de Cuba
y los que se hayan dejado el corazón en La Habana.