Si con alguna imagen concreta ha pasado a la historia este clásico
del cine es con la del caballero cruzado sentado frente a la muerte
en un tablero de ajedrez.
Precisamente ese es el inicio de la historia. Un caballero nórdico
regresa de Tierra Santa con su escudero. Se encuentra
que todo el país está asolado por la Peste Negra.
No sólo se siente a la muerte, sino que se le aparece al
propio caballero, presto a llevárselo de este mundo. Pero
este le echa valor al asunto y le propone a la muerte jugar una
partida de ajedrez. Si gana le dejará libre, si no se le
llevará tanto a él como a los que estén con
él. Es una partida a vida o muerte, nunca mejor dicho.
Es increíble el realismo grotesco que tiene la película.
Esto le da frescura, ayudando también la interpretación
de los actores. Max Von Sydow es el caballero
en uno de sus primeros papeles. Llama la atención la naturalidad
con la que este acepta la presencia de la muerte y como le reta.
El personaje está algo sobreactuado, es un tanto teatral,
pero le viene bien dada la historia que carga sobre sus hombros.
Bjornstrand, que interpreta al escudero, una
especie de típico amigo bocazas que se las sabe todas,
serio y punzante cual Sancho Panza. El actor se parece
mucho a Bill Murray en algunos momentos, incluso
en sus parsimoniosos gestos serios pero divertidos.
La cuadrilla de titiriteros también es destacable, con
la belleza nórdica de la actriz sueca Bibi Anderson,
que colaboró en otras películas del director esta,
el mismísimo Ingmar Bergman, uno de los
pesos pesados del cine a nivel mundial.