Rememorando tiempos pasados, que no
sé si mejores, una gran producción Hollywoodiense
(de los mayores presupuestos de la historia) es rodada de nuevo
en España, concretamente en localizaciones de Huesca, Segovia,
Ávila, Córdoba y Sevilla, entre otras localizaciones,
con parte también en otros países como Marruecos
o Palestina.
Lo que se nos cuenta es la épica
historia de un joven herrero que tras la muerte de su familia
y por una carambola del destino se marcha a Tierra Santa,
donde tomara parte en las cruzadas de los cristianos por acabar
con los infieles musulmanes. Rivalidades, amor, odio, luchas por
el poder y por las tierras, en fin, un poco lo que se ve siempre
en este tipo de películas. Inevitables las comparaciones
con Troya, Alejandro Magno o Gladiator,
también del mismo director, Ridley Scott,
un especialista en el género, aunque si echamos un ojo
a su filmografía encontramos películas tan diferentes
como Blade Runner, Thelma & Louise o Alien.
Esta vez no le ha salido tan bien
la cosa, porque la historia no tiene ni el interés ni la
calidad que tenía Gladiator y además deja
un tanto que desear en cuanto a la acción. Hay muchos tramos
de la película que son prescindibles y no aportan nada
a la historia y otros que parecen un tanto acelerados y confusos.
Que algo como las cruzadas hoy en
día nos parezca una brutalidad es obvio, pero en el contexto
histórico en que se dieron, allá por finales del
siglo XII en el tramo que nos relatan, las atrocidades que vemos
cometerse por nobles tiranos que ejercían el derecho de
pernada o mataban al primero que se le ponía por delante
sin ningún escrúpulo era algo a la orden del día.
En ese sentido el personaje encarnado
por el excelente actor Brendan Gleeson es un
claro ejemplo, un loco con poder al que le trae sin cuidado matar
a ocho que a ochenta. Su compinche Guy de Lusignan,
interpretado por Marton Csokas es otro pájaro
que se hace despreciable a nuestros ojos. Mientras tanto el protagonista
Orlando Bloom parece un poco apamplado durante
toda la película y la chica (única) de la peli,
la francesa Eva Green se salva por el extraño
atractivo que posee, que le augura una gran carrera a pesar de
ser sólo su tercera película (No perdérsela
en Soñadores, de Bertolucci).
También hay algunos pesos pesados
en el reparto, como Jeremy Irons, que es el único
que le pone algo de empeño al personaje y su caracterización
es de lo mejor, Liam Neeson, el padre y mentor
del protagonista, en un papel muy secundario o Ghassan
Massoud, nombre al que a muchos no les dirá nada,
pero que es un importante director y actor sirio.
Premio para el que logre reconocer
a un no acreditado Edward Norton, cuya participación
es tras una máscara de plata que hace que en ningún
momento lleguemos a verle el rostro (su rostro). Si además
lo vemos en versión doblada (algo inevitable en la gran
mayoría de cines de España), pues la interpretación
como que se nos queda corta, así que mejor que no esté
acreditado.
La película parece quedarse
muy por debajo de las expectativas que había suscitado.
Le falta ritmo, acción e interés. Incluso las escenas
del asedio de Jerusalén, que parecen las más
espectaculares, no duran mucho y son bastante menos impactantes
que las de las películas de su nivel. Por ejemplo cualquiera
de las batallas de El Señor
de los Anillos, sin ir más lejos, le da mil vueltas,
al igual que el personaje de Légolas que hacía en
esa Orlando Bloom tiene mucho más carisma
que el soso Balian que interpreta aquí.
Parece ser que los hechos son en su
mayor parte históricos, pero aunque así sean no
se hace creíble ya que no deja de ser un cuento entre buenos
y malos en la que ganan… ¿Quiénes, lo buenos
o los malos? Es tan difícil discernir quien de los dos
es el que gana como asignar los bandos. De todas formas las Cruzadas
y la Guerra Santa en nombre de Dios fue otra de las atrocidades
patrocinadas por la iglesia, que siempre ha vivido fuera de su
época e incluso hoy en día vive con muchos años
de retraso respecto a la sociedad que la rodea. Y que me perdonen
los creyentes, sea cual sea la fe que practiquen.
Y termino con la misma frase que cierra
la película: “Casi mil años después,
la paz sigue siendo imposible de conseguir en Tierra Santa”