Nos encontramos ante una película diferente al resto,
con un estilo propio que de tan original llega a pecar de excéntrica.
Además no es tan original, pues el guión de Dennis
Potter se basa en sus propias series de TV.
La historia trata de un escritor fracasado que se encuentra
postrado en una cama de hospital con la piel llena de dolorosas
pústulas. En su demencial situación han intervenido
pasajes de su pasado y sobre todo de su infancia que lo atormentan
en forma de recuerdos. Además la gente que le rodea, incluidos
médicos y enfermeras, son personajes de sus fantasiosos
números musicales. Los argumentos de sus novelas también
se ciernen amenazantes sobre él.
El protagonista es Robert Downey Jr., actor
que no pasa de quedarse en estrella prometedora gracias a papeles
extravagantes como este y a una no menos extravagante y delictiva
vida personal. Mel Gibson, que además
de actuar produce, aparece caracterizado de un extraño
doctor y no es fácil reconocerlo a primera vista. El reparto
en general está sobreactuado, por existencias del guión
y no cabe duda que se lo pasarían en grande rodando, pero
ninguna de sus actuaciones pasará a la historia del cine.
Es difícil comparar está película con alguna
otra, incluso incluirla en un género, pues tiene números
musicales, podría calificarse también como comedia,
bebe el cine negro y tiene parte de thriller.
Al tocar tantos palos pasa lo que era de esperar, se queda a
medio camino de todo, por lo que sólo queda apelar al gusto
del espectador. Para unos será algo sin sentido y pretencioso
y a otros conseguirá llegarles el mensaje y quedarán
satisfechos después de verla. Eso es lo bueno del cine,
que viendo lo mismo cada cual podrá sacar sus propias conclusiones.