SÍ PUEDES DECIR NUNCA JAMÁS
Nunca Jamás,
la traducción del original Neverland,
no es solamente el parque de atracciones de Michael Jackson,
tan de moda en la actualidad por razones que no vienen a cuento
(¿o sí?). Ese era el país inventado por James
Barry, el creador de Peter Pan, un lugar
donde se podía ser un niño eternamente. Esta película
nos cuenta una parte de la vida del autor, en la que está
en proceso de creación de esa fantástica historia.
Se basa en una obra de teatro de Allan Knee,
The man who was Peter Pan.
Es interesante ver la vida de este
autor, ya con cierta fama, que se enfrenta a una crisis artística,
con una última obra que ha sido un fracaso total. Se nos
muestra como poco a poco va tomando ideas para su siguiente obra,
que será por la que ha llegado a pasar a la historia: Peter
Pan. Los retazos que han acabado formando parte de la
obra y las fuentes de inspiración que gracias a su imaginación
cobran un sentido muy diferente aparecen como por arte de magia
ante nuestros ojos, que son los ojos de James Barry.
La imaginación del autor y
las recreaciones que se hacen de sus historias le permiten a Johnny
Deep moverse en un campo en el que se mueve como pez
en agua, con algunos disfraces en excéntricas escenas.
Las dos actrices principales son muy
diferentes. Por un lado Radha Michell es una
actriz de gran proyección, aunque esta no sea su mejor
película (recomendable verla en High
Art). Después está Kate Winslet,
de la que muy lejos queda el Titanic
que le dio la fama y a pesar de ser año tras año
nominada en los Oscars y premiada en otros festivales, da la impresión
de no tener límite interpretativo ni género que
no pueda tocar. La naturalidad que le da a su personaje es elogiable
y consigue trasmitir sus sentimientos ante la cámara, algo
básico para cualquier actriz que quiera considerarse como
tal. Con la edad que tiene seguro que aún va a darnos grandes
interpretaciones, a pesar de los altibajos de su carrera, parejos
a sus cambios de peso.
A pesar de que las interpretaciones
son buenas, todos los personajes parecen tener que ceñirse
excesivamente a las exigencias del guión. Están
demasiado comedidos, demasiado serios y demasiado limitados por
ese odioso rótulo de “Basado en hechos reales”
y esto es algo limitador cuando además nunca la historia
puede ser totalmente real. Los niños son muy refinados
y lo que resta naturalidad, aunque el pequeño Freddie
Highmore apunta buenas maneras, pero le queda mucho por
pulir, dada su corta edad. Fue de los que sonó mucho para
ser nominado a los Oscars, algo que en ocasiones resulta algo
aberrante, ver a niños tan jóvenes luchando con
actores veteranos por un premio de esa categoría.
Es muy irónico ver como mecenas
de las obras de Barry a un Dustin Hoffman,
al que no podemos olvidar interpretando a uno de los personajes
míticos de la obra de este autor: el malvado capitán
Garfio. En cualquier momento da la impresión de
que va a decir aquello de: “¡Odio, odio, odio
a Peter Pan!"
Algunos de los escenarios de la película
son reales, como el teatro Richmon de Surrey, los jardines
de Kensington, el Club Saville o el cementerio
Brompton, todos ellos en Inglaterra, donde se llevó
a cabo el rodaje.
Se llevó el Oscar a la mejor
banda sonora, de los 7 a que optaba. También en los Globos
de Oro tuvo 5 nominaciones, pero ahí no mojó.