Lars Von Trier confiere a sus películas una entidad
propia basada en la crudeza de los argumentos que afronta. Si con Rompiendo
las olas el aire que exhalaba la cinta era opresivo, de una tristeza infinita,
ahora con este musical, da otra vuelta de tuerca en su mundo particular. A Selma,
la protagonista de la cinta, interpretada fenomenalmente por la cantante Islandesa
Björk, le gustan los musicales, por que según ella en ellos nunca
pasa nada malo. Pero en esta película nada es de color de rosa y el musical
de Lars Von Trier está exento de cualquier glamour. Selma, emigrante
en una pequeña localidad rural de los Estados Unidos, trabaja en una
fábrica a cargo de una máquina. Tiene una enfermedad en los ojos
que le hará quedarse ciega y lo mismo ocurrirá con su hijo si
no lo opera a tiempo. Para ello necesitará dinero.
Si algún adjetivo define la cinta es la crudeza con la que el director
disecciona a las personas que nos presenta. Seres complejos con un mecanismo
interior impredecible. Niños grandes expuestos a la avaricia y envidia
de sus semejantes, como la de ese policía corrupto que dinamita el secreto
de Selma en beneficio propio.
Si hay por el contrario, amistad sincera en el trato que Deneauve ofrece a su
compañera Selma, tanto en la fábrica como en los musicales que
ven en el cine o en el que ambas dos forman parte. Memorable escena esa en la
que Selma y Deneauve van al cine a ver el musical y Deneauve ha de contar lo
que ocurre en la pantalla, bien con palabras, bien con el tacto, al no ser Selma
capaz de ver la proyección.
Juega Trier con la luz, cambiando la intensidad del color de unas escenas a
otras según la temática de las mismas.
La ausencia de ruidos, de sonidos, hace la cinta más impactante, más
sobrecogedora, sin la cháchara decibélica tan en boga hoy en día.
La exposición de la pena de muerte en su estado puro, sin adorno alguno,
esos ciento y pico pasos necesarios para ir de la celda a la horca son de una
intensidad extrema. Eso de que una imagen vale más que mil palabras queda
confirmado en este caso. Los últimos minutos de la película son
la más clara forma de mostrar la aberración que supone quitar
la vida a una persona. Si encima es un caso como este, fruto de mil equívocos
y con una soga de por medio la situación es dantesca en su brutalidad.
No hace falta sangre para sobrecoger al espectador. Esta original película
es una muestra clara de ello.