Collateral

Colateral es una palabra que los americanos con las cagadas hechas en sus excursiones militares han puesto muy de moda. A las víctimas inocentes ahora se las denomina daños colaterales y en cierta forma los que mandan tirar las bombas e invadir países para salvaguardar la paz mundial alivian sus conciencias, aunque es mucho suponer que unos millares de muertes les importen lo más mínimo. En esta película víctimas hay unas cuantas.El encargado de impartir justicia es Tom Cruise, que asume el rol de pistolero a sueldo con una exquisita profesionalidad, sin reparos en cumplir su misión, sin miramiento alguno, con frialdad y sin que le tiemble el pulso al ejecutar a sus víctimas. La historia ocurre en una sola noche, en unas pocas horas. Intervalo de tiempo en el que Cruise debe cumplir con la misión encomendada.
Un taxista que pasaba por allá es el que le hará de chofer involuntario del matón, llevándolo a los diferentes puntos de encuentro, a lo largo y ancho de esa mega ciudad sin alma que es Los Ángeles. Es una película de pocos personajes, dónde todo gira en torno a la peculiar relación que se establece entre el taxista y el matón, y esas conversaciones surrealistas a bordo del taxi, por calles desiertas, iluminadas por luces de neón, que transmiten una sensación de irrealidad.
Javier Bardem, nuestro actor más laureado en estos últimos años, hace una breve intervención, dando vida a un matón mexicano, pero no llega a compartir escena con Cruise. No hay abuso de la pirotecnia, tampoco efectos especiales. La acción se distribuye bien a lo largo del metraje. Los diálogos son absurdos, es sabido que la noche confunde y Cruise intenta abrir los ojos al taxista, ponerlo en su sitio, hacerle ver la cruda y desesperanzada realidad y justificar la muerte; ¿qué importa la muerte de unas personas entre cinco mil millones de personas? ¿ no murieron un millón de personas en Ruanda y nadie movió un dedo?, estas y otras frases forman parte del ideario de Cruise, intentando así dar al personaje algo de consistencia, de entidad, pero ahí la película no avanza, no cuaja.
Parece más bien una película de bajo presupuesto, una producción independiente alejada del efectismo propio de las grandes producciones y que de no ser por Cruise hubiese pasado por la cartelera sin hacer ruido. Jaime Fox ( el taxista) es lo mejor de la película. Interviene Mark Ruffalo, que tras papeles como Mi vida sin mi, o En Carne Viva, se va afianzando, en este caso da vida a un policía. Película entretenida y poco más.

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