CHICAGO (Rob Marshall, 2002)


A los aficionados al musical, entre los que no me incluyo, no sé si les hará gracia que se lleve a la pantalla lo que debería estar y está aún en los escenarios, pero yo lo veo como algo positivo ya que así se puede recaudar espectadores para los musicales a través del cine, porque Chicago es ante todo un musical.

Los musicales en el cine tienen una tradición importante que últimamente se había perdido, salvo mínimas excepciones (películas de Disney y “El otro lado de la cama” aparte).

La acción es trepidante desde el principio y el primer número de Catherine Zeta-Jones ya consigue predisponernos para ver un espectáculo de fuerza a nivel interpretativo y argumental.

El abanico de actores principales es de auténtico lujo. Varios fueron nominados para los oscars: Renée Zellweger, John C. Reilly, Queen Latifah y Catherine Zeta-Jones que lo acabó ganando. Fue la película del año con un total de 13 nominaciones de las acabó ganando 6: película, actriz secundaria, dirección artística, vestuario, montaje y sonido. Entre los no nominados está también Richard Gere, que sin embargó ganó el Globo de oro, al igual que la Zellweger. Tiene una breve pero divertida aparición Lucy Liu.

Para el que no sepa de que va, se cuenta la historia de una chica, Roxy (Zellweger) cuyo sueño es actuar en el cabaret. Está dispuesta a hacer lo que sea y tras verse engañada por un hombre que afirma que la va a ayudar a conseguirlo, acaba matándolo. Es condenada y en la cárcel coincide con la principal vedette del cabaret, a la que ella admiraba y que también había asesinado a su marido. Todas las cosas que le ocurren en su vida pasan a través de su imaginación por el escenario del cabaret, así podemos ver cantando a la guardiana de la cárcel, al abogado, a su marido y al resto de personajes en diferentes actuaciones.

Todos los actores cantan, bailan y tienen sus numeritos. Algunos como Zeta-Jones vuelven a sus orígenes, pero para otros esta es su primera incursión en el musical, como Zellweger que pese a ello está muy bien. Al que no me imaginaba yo en tales circunstancias era al playboy de Richard Gere, que no lo hace del todo mal. La mejor sin duda es Zeta-Jones, a la que se le nota la experiencia y que irradia energía en cada uno de sus números musicales. Es curioso que después de hacer la película se quedó embarazada y para cuando le tocó subir a recoger el Oscar estaba a punto de dar a luz. Allí subió ella con su tremenda barriga y el auditorio se estuvo durante toda la ceremonia pendiente de si se ponía de parto con una ambulancia en la puerta por si acaso. Zellweger no está mal, pero después de haberla visto recientemente en El Diario de Bridges Jones con unos quilitos de más aquí destaca su delgadez. Parece que se tuvo que poner en forma a conciencia para el papel y tanto movimiento.

Desde luego es una obra original que cuenta una buena historia y está bien dirigida. Está escrita por Bob Fosse, uno de los grandes de este género, que dirigió, por ejemplo Cabaret. La ha dirigido Rob Marshall, que ya había llevado la versión de Brodway con gran éxito. Destacar la sencillez de los escenarios, sobrios y sin ser recargados que consiguen centrar la atención en los actores y bailarinas más que en otros detalles superfluos para la acción.

El número que más me gustó es el que hace Catherine Zeta-Jones (sin duda alguna la mejor de la película y que en los últimos años ha demostrado que sabe hacer de todo: “La máscara del zorro”, “Traffic”…) en la prisión pidiéndole a Roxy que actúe con ella en el número que hacía antes con su hermana y ella sola lo baila. Es muy bueno también el número del juicio con el paralelismo entre los hechos reales y el musical que lo parodia (destacar el traje de Richard Gere), el de las marionetas y los títulos finales.

¡Ah! Por cierto, todo esto ocurre, con el trasfondo de la ley seca y de los cabarets, con el jazz como sonido de fondo y por supuesto en la ciudad de… Chicago.


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