EN CARNE VIVA (IN THE CUT - Jane Campion - 2003)


Tras bastantes años empleados en crearse una filmografía no apta para diabéticos, Meg Ryan nos sorprende cambiando de registro y dejando a un lado la comedia romántica, precisamente ahora que Diane Keaton con Cuando menos te lo esperas le había demostrado que podía seguir en el género durante bastantes años. Qué diferencias entre este personaje y aquél de Cuando Harry encontró a Sally hace tres lustros.

El caso es que ha pegado un giro radical y el personaje que interpreta es una mujer infeliz muy diferente a esas chicas buenas, románticas y angelicales a las que ponía rostro de forma asidua. Parece que estaba cansada de tanta sonrisa y es esta ocasión no suelta ni una. Buena forma de olvidarse del pasado. Este personaje está en el polo opuesto de todas esas niñas repipis. No creo que con interpretaciones tan oscuras y soeces consiga el reconocimiento como actriz que desea, pero su faceta de niña buena sí que puede olvidarse pronto con dos o tres películas de esta calaña.

Del resto del reparto destaca la conocida Jennifer Jason Leight, por conocida, no porque lo haga bien y un extraño y breve Kevin Bacon al que no logré identificar en los títulos de crédito. El protagonista, Mark Ruffalo (al que hemos visto en Mi vida sin mí de Isabel Coixet), es un policía, un tipo duro y chulo con poco interés y su compañero menos mal que sale poco, porque es patético y el resto de personajes le van a la zaga, no se libra ni uno. Todos son extraños, desdibujados, no tienen interés y en su mayoría son o prescindibles o liosos para la trama, en fin, que no mejoran la película. Y de algunos diálogos mejor no decir nada, porque son para tirarse de los pelos. Está basada en una novela de Susana Moore que ha escrito el guión junto a la directora.

Precisamente una de las cosas más comentadas de En carne viva era que además de rostro Meg Ryan ponía el resto del cuerpo y así es, ya que efectivamente se desnuda por primera vez en su edulcorada carrera y para muchos críticos esto es lo más destacable. Que cada cual opine, pero según mi opinión a la Ryan le sobra el atractivo que le falta a la película, lo que no es decir mucho en este caso, porque ella no sale especialmente favorecida.

La directora y coguionista es Jane Campion, una neozelandesa que ya en otras películas ha sacado “lo más oculto” de sus actrices. Suyas son películas como Retrato de una dama (con Nicole Kidman también ligerita de ropa y que iba a interpretar el papel que hace Meg Ryan, pero que al final sólo ejerce labores de productora) o su mayor éxito, El piano. Es una mujer bastante propensa a las escenas subidas de tono y aquí podemos ver por ejemplo una felación bastante explícita entre otras lindezas.

Pero no todas las cosas sorprendentes que vemos tienen que ver con el sexo. Podemos ver en una escena a la protagonista en el metro leer un cartel con unos versos de Federico García Lorca. Un poco de cultura poética nunca viene mal.

Toda la película tiene un color muy peculiar, con tonos predominantemente ocres amarillentos que le dan un aspecto de más intensidad lo que unido a la poca estabilidad de la cámara y los interiores oscuros le dan un aire más propio de las pelis de detectives de esos que se pasan la vida en clubes nocturnos y calles lúgubres, que es al fin y al cabo de lo que trata la película. La cámara se fija en los detalles más simples y nos ofrece primeros planos de los rostros de los protagonistas que acentúan su condición mundana. Creo que consigue lo que quiere, lo que no sé es si lo que quiere es lo mejor.


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