Uno más de esos subproductos que podríamos calificar
como película de amiguetes, que son esas con Santiago
Segura interpretando, dirigiendo, produciendo o todo
a la vez y que no destacan precisamente por su calidad artística
ni por su gusto refinado, pero que hacen reír con un humor
chusco y soez.
Borjamari y Pocholo son dos hermanos que se
han quedado mentalmente en los tiempos de la movida madrileña
y físicamente en la universidad, cosas ambas que iniciaron
al mismo tiempo. De familia rica y pijos a no poder más,
su vida se ha convertido en una rutina: siguen yendo a los mismos
sitios, escuchando la misma música y siendo igual de inmaduros,
aunque felices en su ignorancia. En un momento dado se darán
cuenta de su situación, pero cambiar para ellos es algo
imposible.
La película no da ni más ni menos de lo que ofrece
y el propio título no deja lugar a dudas. Y hablando del
título, para el que no lo recuerde, procede de una canción
que hicieron famosa Martes y Trece y que decía
al ritmo de sevillanas aquello de: “Pochola y Borjamari,
fíjate, se fueron a esquiar…” que alcanzó
gran popularidad como otras de aquellos especiales de Navidad
del dúo cómico, como la políticamente incorrecta
pero divertidísima “Maricón de España”,
por citar alguna.