Dos agentes de la CIA
están trabajando en un caso que tiene implicadas armas
nucleares por medio. Ante el asesinato de uno de los agentes unos
días antes de que llegue el momento cumbre de la operación,
se ven en la tesitura de emplear a su hermano gemelo para no echar
al traste el trabajo que ya llevan hecho.
Solamente leyendo el argumento podemos
hacernos una idea del producto ante el que estamos. Como más
de uno habrá adivinado esta es una película puramente
comercial, con unos hechos que sólo son la excusa para
mostrar a unos personajes en situaciones límites y darle
un poco de espectacularidad. Parte de esto lo logran los magníficos
escenarios naturales de Praga, donde fue rodada y que se nos muestran
desde el primer minuto de metraje.
Lo cierto es que los elementos del
cocktail podían presagiar el resultado: en la producción
un experto en mega producciones comerciales, Jerry Bruckheimer,
en cuya filmografía hay títulos como Top Gun,
Armageddon, Pearl Harbour o Black Hawk derribado; el director,
Joel Schumacher, tampoco se queda cojo y 3 entregas
de Batman, entre otras, nos dan muestras de ello;
los 2 protagonistas son Chris Rock, cuya filmografía
se nutre exclusivamente de productos de ese estilo y Anthony
Hopkins, el ángulo del cuadrilátero que
aporta un mayor contraste, ya que es considerado uno de los mejores
actores, pero que en su dilatada carrera ha llegado a hacer de
todo.
Esta es una película de manual,
un producto hecho siguiendo todos los pasos necesarios para hacer
un producto americano genuino. Y uno de los puntos esenciales
para conseguirlo, desde que se escribió El Quijote
es tener una pareja que se complemente además de tener
un marcado contraste. El graciosillo de la pareja es Chris
Rock, un cómico americano famoso por su incorrección
política que se dedica a hacer lo que sabe, ni más
menos. En cuanto a Hopkins, muy serio, en su
línea, pero dada su edad las películas con un poco
de acción parecen no ser lo suyo. Tienen momentos graciosos,
pero en general todo es muy predecible.
Es una especie remake de My Fair
Lady, a lo basto, en esta ocasión tienen que convertir
a un ratero del tres al cuarto de Nueva York en un experto agente
de la CIA involucrado en una misión difícil, peligrosa
e… ¿imposible?
Da la impresión de no aportar
nada nuevo, es como si todo lo que nos ofrece ya lo hubiéramos
visto con anterioridad. Y no una, sino un ciento de veces.
La literalidad en la traducción
del título al castellano es una vez más pasmosa.
Vale que tenga que ver con el argumento, pero se debería
respetar el original ya que el título es parte fundamental
en una obra.