¿Es fácil matar a alguien?. Esta parece ser la
respuesta a contestar con esta película.
Un profesor de filosofía, culto, refinado, y divorciado de su mujer (
Goya Toledo), a la que sigue deseando, la secuestra con el fin de que ella rectifique
algunas de las cosas que dijo en el proceso de divorcio.
La película cuenta con un plantel de actores limitado y dos escenarios,
que genera un ambiente obsesivo y asfixiante.
Toma el título la cinta de ese juego que consiste en hacer una palabra
con la sílaba de la palabra anterior. La historia va desgranando como
se ha llegado a esa situación, en la que Grandinetti se encuentra con
los policías que le interrogan, mediante flash-backs.
La tensión logra mantenerse hasta al final, gracias a una labor interpretativa
meritoria de Grandinetti, en estado de gracia, y una Goya Toledo que crece como
actriz y ahonda en una perfil dramático ya iniciado en Amores
Perros. La fotografía plena de luz, y que contrasta con el lugar
donde se desarrolla la película nos transporta al escenario de un Teatro,
donde somos espectadores de lujo del recital interpretativo de Grandinetti,
que no habla, recita, confundiendo a su ¿posible? víctima, con
juegos de palabras, miradas aterradoras y cintas de video.