Entretenida película de acción plena de persecuciones
de coches y detonaciones de cajas fuertes.
Atendiendo al refrán que dice “El que roba a un ladrón tiene
cien años de perdón” se estructura el desarrollo de la película.
El ladrón malo es Edward Norton. En un papel que apenas le permite lucirse,
resignado a hacer muecas. Y los otros ladrones lo forman un grupo heterogéneo:
El guaperas que conduce como nadie. El artista de las detonaciones, sordo de
un oído. El experto informático ( que reivindica hacerse llamar
Napster). La chica guapa e inteligente experta en abrir cajas fuertes con motivaciones
personales para implicarse en este tinglado. Y el cachas que dirige el grupo
y cabecita pensante del mismo, organizador y pergeñador del golpe.
Mantiene la película un ritmo constante que no cesa de principio a fin.
Disfrutamos al comienzo en Venecia con la persecución en lancha por entre
los canales a la par que vemos lo bonita que es la ciudad ( lo poco que vemos
de ella). Después, todo lo blanco en esas montañas cubiertas de
nieve, en ¿Austria? Y esa carretera pegada al lago. Tiene buenos golpes
que dicen bastante del trabajo del guionista a la hora de planificar las escenas
de acción, las cuales son intensas y emocionantes. Que decir de la persecución
llevada a cabo a bordo de los minis por el interior del metro. O el tinglado
montado para no perder de vista los furgones, o la desaparición del mismo
en un abrir y cerrar de ojos ante la atónita mirada de Norton, o el helicóptero
persiguiendo al coche a ras de suelo en pleno centro de la ciudad.