Película basada en el libro de Lorenzo Silva del mismo
nombre y colaborador en la elaboración del guión. Un puto lunes,
como lo son la mayoría de los comienzos semanales, Pablo se dirige a
la oficina y tiene un siniestro con una mujer, a la cual embiste por detrás
con el coche. Pablo, hastiado y resentido en su foro interno, con su revolución
bolchevique ( a los ricos hay que fusilarlos) traicionada por el puesto de ejecutivo
que ocupa, busca la pureza en María, una adolescente en edad de ir al
instituto. Surge entre ellos una relación etérea, no carnal, platónica,
carente de palabrería, en un juego de miradas y sonrisas. Angelical el
rostro de María saliendo del agua en la piscina.
Luis Tosar, que últimamente ha dado vida a personajes atormentados (
en Los lunes al sol, Te doy mis ojos ), construye un personaje huraño
del que poco se sabe: fue un buen estudiante en la universidad, pasó
al mundo laboral como ejecutivo y ahora que viaja, tiene secretaria y gana dinero,
pero no el suficiente como para no tener un jefe dando la brasa, no se encuentra
agusto con su situación. Esto lo plasma y transmite Tosar con unos ojos
inyectados en sangre y lágrimas, miradas perdidas que confirman su expulsión
del paraíso soñado, de la vida imaginada y no lograda, del camino
tomado y no deseado. Mezclar esos momentos de angustia, de rabia contenida,
con el desahogo que produce oír música a buen volumen ( en este
caso tres canciones del disco de Extremoduro “ Yo, minoría absoluta”,
Puta, A fuego y Standby), mientras se conduce es un momento cumbre que rompe
con el ritmo tranquilo y sosegado de la película.
María, la solitaria adolescente, que no manifiesta especial apego por
la familia y grupo de amigas, muestra interés y curiosidad por Pablo,
asomándose a través de él a la vida adulta. Rodada en Madrid,
vemos bonitos parques, barrios que son pueblos, descampados, tráfico
incesante, lomas desde las cuales divisar la gran ciudad, etc.
La película carece de ritmo hasta que María aparece en pantalla.
Las conversaciones de la pareja toman direcciones opuestas: sarcasmo, ironía,
desesperanza, melancolía, añoranza por parte de él. Ilusión,
inocencia, anécdotas pueriles, por parte de ella.
Es la convivencia de dos planos opuestos en uno mismo y unas interpretaciones
estupendas las que hacen de esta sencilla y humilde historia una buen película.
El final, impactante y sobrecogedor es soberbio y perdurable.
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