Película cuyo embrión es una escena que vio el
director de la cinta en una despedida de soltera, cuando la novia, en la celebración,
según una tradición francesa, besó a un chico que le atraía.
El último beso antes de dejar la soltería. La chica es Natalia
Verbeke y el chico Gael Bernal. El futuro marido es un joven tímido y
retraído, que conoce a Carmen viéndola bailar flamenco en un local.
Se mezclan elementos de suspense, comedia, intriga, snuff, y el resultado es
desolador, al ir el aburrimiento generado en aumento. Ni hace reír, ni
llorar, ni emociona, ni sobresalta, sólo aburre.
Tan solo las escenas de sexo son creíbles.
Verbeke cogió el papel porqué era un personaje con muchos matices.
Y de hecho pasa de la risa al llanto o de la alegría a la ira en un suspiro.
Pero apenas sabemos porque esto ocurre. Sabemos que está en Londres porque
huye de alguien que la hizo daño, lo que explicaría su estado
actual de inestabilidad emocional. La película está rodada en
inglés, y el doblaje es horripilante, haciendo si cabe más anodinas
las charlas que mantienen los protagonistas, en especial el cortejo que Gael
hace a Verbeke.
Si ponemos el punto sobre la i, acabaremos diciendo que la película es
un tostón insufrible, que quizás permita a Gael y a Verbeke darse
a conocer en el mercado anglosajón y americano. Lo desafortunado es que
lo hagan con una película tan carente de atractivo como esta.